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Viaje pintoresco por la ría de Vigo

(Continuación)

VII

“Mientras tanto la lancha se alejaba cada vez más de tierra sin perderla de vista. Las islas Cíes nos esperaban en medio del océano, y destacándose en el fondo azul del cielo como tres mudos gigantes, guardadores de la apacible ría que visitábamos.

Cada vez nos acercábamos más a ellas, y hubo un tiempo en que pudimos admirar aquellas áridas cumbres, en que solo se ven suspendidadas sobre el agua inmensas masas de granito, que la lluvia, el mar, el viento salado, las tormentas, desgastan, agujerean, deshacen y las arrastran poco a poco hacia el blanco arenal que rodean las islas como un blanco cinturón que desaparece muy a menudo bajo el peso de las olas.

Describir las mil caprichosas figuras que forman aquellos grupos de piedras, semejando blancas avalanchas prontas a descender al abismo, es hasta imposible: el arquitecto de la edad media, el que quisiera llenar el pórtico de una catedral gótica de esas raras y estravagantes figuras que apellidaban grifos, faunos, demonios, negros salvajes, gigantes, encinos, cuanto la enferma imaginación pudiera erear, pudiera inspirarse aquí, y hallar en la naturaleza nuevas combinaciones con que pasmar al más poderoso genio.

Cuando pusimos el pie en el arenal y empezamos a subir la tortuosa cuesta que guía a la farola, pudimos admirar aquella naturaleza salvaje y árida, que no premia el trabajo del hombre, que se empeña en hacerla productiva. El maíz, apesar de estar cerca el tiempo de recolección, apenas levantaba en la isla un palmo sobre la tierra, y se hallaba caído y quemado por los vientos del mar, así es que el labrador ha abandonado al industrial aquella tierra maldecida. Algunas fábricas de salazón ocupan el lugar que en otro tiempo los monasterios que los ingleses destruian siempre que hacian sus piráticas escursiones por esta ría: aqu´también como en las islas de San Simón, la transformación es completa, sobre el ara santa consgrada la dios del cristiano, se alza a su vez el ara consagrada al Dios del siglo.

En otro tiempo religión, hoy industria.”

Continuará… 

Manuel Murguía. El Heraldo Gallego: semanario de ciencias, artes y literatura. 23 de julio de 1874

Ler II parte

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