Correlimos tridáctilo

Otoño en la ría de Vigo. Primeras luces del día en la pequeña cala de O Fechiño (Coruxo), frente a las islas Cíes. Amanece un nuevo día.

Las aves marinas y acuáticas de este entorno empiezan a desperezarse a base de estiramientos o labores de desparasitación, limpieza  y adecentamiento. Comienza otra jornada. Hay que ponerse a trabajar en la búsqueda del alimento que arriba a la zona intermareal, ya bien en la orilla, en las rocas o entre las charcas que pronto se cubrirán por completo de agua.

La marea está subiendo y acerca a la orilla materia orgánica y nutrientes. Hay algas pardas, rojas y verdes. También gusanos, pulgas, mosquitos además de otros insectos y microorganismos que constituyen parte de su dieta.

Es la vida, su día a día, buscar calorías para seguir adelante y compensar el gasto energético al que se ven expuestas. Trabajar para comer y comer para trabajar. Aunque siempre hay tiempo para el ocio y el tiempo libre. Descansar en una roca tomando un baño de sol es una práctica habitual. Hay diferentes fases a lo largo de la jornada.

Reina la armonía entre las distintas especies de aves que observamos, en buena convivencia. Algunas son de comportamiento gregario y otras más solitarias y autónomas. Todas están juntas pero no revueltas. Cada una a lo suyo. Hay un orden establecido.

Entre las primeras disfrutamos con un bando de correlimos tridáctilos (Calidris alba), con sus patas y picos adaptados a este medio, la orilla del mar. Siempre atentos al fluir de la marea. Ágiles, rápidos y concentrados.

Los ostreros (Haematopus ostralegus) sobre todo en las rocas, con su imponente y robusto pico de color naranja, que les permite abrir con facilidad diferentes moluscos.

Los vuelvepiedras (Arenaria interpres) atentos a la presencia de insectos, levantando algas o pequeñas piedras.

La garceta común (Egretta garzetta) esperando, descansando y disfrutando. Preparándose para la pesca. Es más tranquila.

Las gaviotas patiamarillas (Larus michaellis) atendiendo un poco a todo. Son oportunistas. Las vemos tanto con plumaje adulto como subadulto e inmaduro.

Más ruidosas son las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), de menor tamaño que sus hermanas patiamarillas aunque también muy oportunistas.

Un cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) se anima al buceo en busca de suerte, sumergiéndose bajo el agua. No tiene aún la mayoría de edad porque es pardo con el pecho blanco, aunque no le falta mucho para lucir su oscuro plumaje negro o su moño ornamental.

Biodiversidad en estado puro, comunión de especies. Trabajo y dedicación.

Imagen:

– Correlimos tridáctilo: Calidris-alba-001” by Original photo by Mdf – Mdf’s own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.

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